La música se detuvo a la mitad de la noche y el mítico Madison Square Garden de Nueva York quedó suspendido en un mar de flashes y silencio, mientras Carin León se acercaba al micrófono para presentar a un muchacho de dos metros y seis centímetros que lo observaba desde las primeras filas, incapaz de pasar desapercibido entre una multitud de estatura promedio.
“El primer hermosillense que llega a la NBA”, proclamó desde el escenario ante las casi veinte mil almas que abarrotaron el recinto aquella noche del 22 de junio de 2026.
Abajo, su compatriota Karim López se puso de pie para responder al tributo con un golpe de puño en el pecho y señalando directo a la tarima. Dos hijos del desierto sonorense cara a cara en la arena más icónica del planeta.
“¡Arriba Hermosillo, chingao!”, remató el cantante, justo antes de que los acordes despechados de Me está doliendo hicieran estallar el Garden, la última parada de su gira “De Sonora para el mundo”.
Poco antes del concierto, los “primos” —como se refiere a él Léon— tuvieron la oportunidad de saludarse y “echar la cometa”. “Era la primera vez que nos mirábamos, quería ver cómo se sentía. Para mí era muy interesante saber qué pasaba por su mente en esos momentos tan cruciales para la carrera de cualquier basquetbolista”, explica el cantante.
Durante el concierto, Carín notó que su paisano estuvo sentado todo el tiempo. “Yo dije a la madre, pero no es porque le gustara, me dijo: ‘es que me paraba y me sentaba porque no dejaba ver a la gente de atrás’”, dice entre risas.
Un día después, el 23 de junio, Karim le devolvió la cortesía en otro gran escenario. A menos de 10 kilómetros de distancia, cruzando el Río Este, el basquetbolista acudió a su propia cita con la historia en el Barclays Center de Brooklyn, listo para escuchar su nombre en la ceremonia del Draft de la NBA.
Unas horas antes del evento, ambos compartieron un abrazo frente a las cámaras. “Carin León… Él es de mi tierra, representando a Hermosillo”, dijo López ante los medios.
Por la noche los papeles se invirtieron y esta vez fue Carin León quien ocupó un asiento entre la multitud, para atestiguar el instante en que su compatriota se convertía en el primer mexicano seleccionado en la primera ronda.
“Yo lo conocí un día antes del draft, ya llevábamos tiempo que queríamos conectar, pero no habíamos coincidido por tiempos, por lugares… Y pues por fin coincidimos en Nueva York y nada, un tipazo, la verdad, una gran persona. Fue un orgullo verlo ahí, que me estuviera apoyando”, dice Karim López.
Dos ídolos cuyas familias vivieron a 700 metros de distancia en Hermosillo, Sonora y que, además de compartir el capricho fonético de llamarse Karim y Carín y de conquistar casi juntos la Gran Manzana en una noche de junio, ahora asumen un rol clave en la Selección Nacional de Basquetbol, Karim desde la duela; Carín desde una trinchera inesperada.
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La cancha de basquetbol del Sindicato de Trabajadores Electricistas no es el escenario en el que uno esperaría encontrarse con la próxima estrella de la NBA. El acceso al lugar exige atravesar las rampas de concreto de un estacionamiento a oscuras mientras el ajetreo de la Colonia Tabacalera, en el corazón de la Ciudad de México, se extingue con cada paso.
Son las 11:13 de un día de agosto y Karim López, el gigante mexicano, acaba de entrar por la puerta, escoltado por una figura casi tan imponente como la suya, Jesús 'El Chino' López, su padre y ex seleccionado nacional.
Físicamente, Karim parece un boceto anatómico exagerado a propósito por un dibujante surrealista. Sus manos, descomunales —las segundas más grandes registradas durante su clase en el Draft Combine— envuelven la circunferencia naranja del balón con una facilidad asombrosa; lo oprime con una sola extremidad, como si un adulto cualquiera sostuviera una toronja de desayuno.
Saluda a todos los presentes con una sonrisa afable y un apretón de manos que condena a los simples mortales a intentar, inútilmente, corresponder el gesto y abarcar los casi 25 centímetros de largo de su palma.
López está en la capital para cumplir con un par de compromisos comerciales y con el propósito estrictamente burocrático —y bastante alejado del glamour deportivo— de gestionar su visa de trabajo para reportar con los Grizzlies de Memphis de cara a la temporada 2026-2027 de la NBA.
Con su inminente debut, Karim será el quinto mexicano en pisar la máxima duela del mundo; el heredero de un linaje inaugurado por Horacio Llamas el 2 de marzo de 1997 y continuado por Eduardo Nájera, Gustavo Ayón y Jorge Gutiérrez.
“Es una sensación bonita poder lograr mi sueño y mi objetivo de toda la vida, pero uno siempre está buscando el siguiente paso. No me quiero conformar nomás con estar, quiero ser alguien que realmente marque algo. Quiero quedarme en la liga muchos años, quiero ser un gran jugador. Son muchas cosas las que quiero hacer, pero ahora estoy presente en esta temporada, en ganar minutos, en ganarme la confianza de mi coach, de mis compañeros y ya más a futuro también cumplir todos mis objetivos”, afirma, mientras bota sin parar el balón, que ya parece una extensión de su propia anatomía.
La teoría sobre su destreza con el esférico tiene origen en el hecho de que prácticamente nació con uno en la mano. Su idilio con este deporte comenzó desde que acompañaba a su padre, el Chino López, quien jugara como centro en la selección nacional, a las concentraciones del equipo.
“Karim creció yendo a los a los entrenamientos, yendo a los rounds, pasando la pelota antes del juego, metiéndose a jugar en los tiempos fuera, en los medios tiempos de los partidos. Desde chiquito fue muy inquieto, siempre estaba persiguiendo la pelota y fue como ellos (sus compañeros de la selección nacional) se fueron relacionando con Karim”, recuerda su padre.
Karim, en cambio, poco rememora de esos años y prefiere que los veteranos reconstruyan el pasado a base de anécdotas. “Me cuentan que estaba siempre por ahí, por la cancha vuelto loco, de arriba para abajo, muy inquieto. Paul Stoll, que jugó con mi papá me dice: ‘Me acuerdo que te veía así chiquitito y te cargaba… ahora estoy jugando contigo’. Es un momento especial, algo que no pasa muy seguido. Estoy entrenando con la selección desde los 15 años”, relata López con una sonrisa en el rostro.
Sin embargo, pese a la nostalgia idílica de los recuerdos, en aquellos años el baloncesto mexicano atravesaba la misma crisis institucional y financiera que lo ha atormentado durante los últimos 30 años.
La ambición por el control y el poder condujo a una incesante guerra civil entre las asociaciones responsables del balón naranja, un choque directivo que desencadenó las vergonzosas suspensiones internacionales impuestas por la FIBA a la selección mexicana en 2015 y 2020.
A la par, la falta de presupuesto y los desvíos de fondos federales dejaron al equipo nacional sin financiamiento para viajes y uniformes, lo que generó adeudos salariales y obligó a los atletas a depender completamente de la iniciativa privada para poder competir.
A pesar del desamparo en que se encontraba la Selección Nacional de Basquetbol, en 2013, la generación de los 12 Guerreros —encabezada por Gustavo Ayón y por aquellos héroes de la niñez de Karim López como Paul Stoll, Pako Cruz y Gabriel Girón— conquistó la FIBA AmeriCup para clasificar al Mundial de España 2014, una proeza que devolvió al país a la máxima justa internacional después de 40 años y por primera vez desde Puerto Rico 1974.
Sin embargo, ese gran momento solo maquilló una crisis que se había perpetuado durante años y, a partir de entonces, inició un periodo de inestabilidad con siete entrenadores en el banquillo en un periodo de apenas cinco años.
Hasta que en 2021 Omar Quintero fue designado por Modesto Robledo como entrenador de la selección mayor de basquetbol de México. “No se me olvida, estaba en la barra de mi casa tomando café y me dice, ‘Omar, queremos que seas el coach de la selección nacional’. Era mi sueño porque ya había cumplido todo como jugador. Llevaba 3 años como entrenador de equipos profesionales y que te llegue esa oportunidad a corta edad de representar a tu país… tomé el reto y ahí comenzó este camino”, recuerda Quintero.
Tras un largo recorrido como indiscutible seleccionado nacional desde 1998 hasta 2015, el también sonorense conocía de primera mano las carencias y los aciertos de la institución. La oportunidad tocó a su puerta en plena pandemia y, con apenas tres años de bagaje en el banquillo profesional, aceptó el reto de reconstruir al representativo tricolor.
Dos años después, en 2023, México logró clasificar nuevamente a un Mundial y Quintero asumió como Director de Selecciones Nacionales, puesto que también ocupa actualmente.
Fiel a su filosofía de renovación, el estratega fortaleció su base de veteranos y depositó su confianza en las nuevas generaciones. Una noche decidió debutar al portento de apenas 16 años, llamado Karim López.
“Omar es un tipo con muchos huevos. Poner en la cancha a un niño de 16 años no es común. Y bueno, me metió dos segundos ahí contra República Dominicana, pero cuatro meses después que jugamos el preolímpico jugué 28 minutos en un partido importante para mantenernos con vida para los Juegos Olímpicos. Eso es algo que no pasa y estoy agradecido con él por darme la oportunidad y por ayudarme a impulsar mi carrera”, expresa Karim.
El 23 de febrero de 2024 el hermosillense se convirtió en el jugador más joven en debutar con la Selección Mexicana de Basquetbol, con 16 años, 10 meses y 10 días. ¿Quién era el anterior dueño de aquel récord histórico? El hombre que desde el banquillo le dio la indicación de entrar a la duela, el mismísimo Omar Quintero.
Consciente del abandono financiero que asfixiaba a la selección, durante su gestión Quintero emprendió una cruzada personal para atraer inversión privada. Fue justo en esa búsqueda de oxígeno donde el equipo encontró un salvavidas por demás atípico, el cantante de música regional Carin León.
El doctor Carlos Inzunza, odontólogo encargado de la sonrisa del artista —y el responsable de incrustarle aquel icónico colmillo de oro para su disco— mantenía también una estrecha amistad con Quintero.
En 2025, durante una tarde de sábado en Hermosillo, Sonora —la tierra natal de Carin León— una plática entre el entrenador y el dentista derivó hacia la constante crisis económica que aquejaba a la selección.
—Oye, ¿y si le decimos a Carin León que nos eche la mano?—, propuso el doctor.
Quintero procesó el asombro de golpe. "Carín es una persona que le gusta apoyar al deporte, lo ha hecho con otros deportistas. Pero a Omar le pareció loca la idea", recuerda Insunza. De cualquier manera decidió ir hacia adelante y bastó solo un telefonazo al representante del músico para asegurar una cita al día siguiente.
El domingo por la tarde, Quintero, su hermano Luis, el doctor Inzunza y el abogado de la selección cruzaron las puertas de la mansión del artista para toparse de frente con unos veinte carros de lujo de todas las marcas, recuerda.
El encuentro fluyó en una terraza junto a la alberca, entre charlas distendidas acerca de motores, rines y fibra de carbono, hasta que finalmente el entrenador encontró el momento preciso para abordar el drama nacional.
“Le cuento del proyecto, le doy las referencias, que somos un equipo que acaba de llegar del campeonato del mundo… Que nos gustaría que se sumara al proyecto, que nos ayudara con el patrocinio y él decide apoyarnos con todos los uniformes, pero no solamente para la selección mayor, sino desde los niños chiquitos del minibasket hasta la selección mayor varonil y femenil”, recuerda Quintero.
Quince minutos de conversación fueron suficientes para que el cantante asumiera el costo de unas siete mil prendas anuales, lo que le garantizó a cada jugador un guardarropa completo que incluía pants, chamarra, tres polos, un par de camisas de cuello, pantalones cortos de concentración y dos uniformes de juego.
Fiel a sus raíces norteñas, la palabra de Carin bastó para cerrar el trato."Dijo que sí de palabra, como caballeros, como ya no se hacen los tratos", relata el dentista. “Eran varios millones, pero desde el día uno nos dijo que sí. Es un hombre de palabra y nos ha cumplido al 100% todo”, reafirma Quintero.
La instrucción para liquidar las facturas fue igual de transparente. Quintero le enviaba el listado de las concentraciones, torneos, todo lo que se requería y el equipo de Carin se encargaba de mandarlo a hacer directamente con la fábrica.
—¿Qué fue lo que te convenció para ayudar a la selección?— le pregunto a Carín.
—Creo que el simple hecho de ser de Sonora, de saber que mi compa Omar y mucha gente del norte está involucrada. Siempre he sido muy cercano al deporte aquí en Hermosillo y siempre he sido muy fan del maestro Omar Quintero. Me tocó conocerlo y empezamos a platicar sobre Karim, sobre la selección. Creo que es una gran selección que ha dado resultados en los últimos años y siempre lo bueno hay que apoyarlo. Para mí ha sido muy importante el poder apoyar el talento local—, explica.
A cambio de la inversión, el músico pidió el único capricho creativo de diseñar el uniforme. Así cobró vida aquella armadura roja vibrante, inspirada en el horizonte del desierto sonorense, un pacto insólito que además convirtió a los seleccionados en invitados de honor en sus conciertos.
Uno de ellos fue, por supuesto, Karim López, con quien el intérprete comparte, además de una profunda pasión por la duela, las raíces de su natal Hermosillo.
Carin se presentaba el 22 de junio en el icónico Madison Square Garden como parada estelar de su gira “De Sonora para el mundo” y a menos de 10 kilómetros de distancia, Karim acudió a su propia cita con la historia en el Barclays Center de Brooklyn, listo para escuchar su nombre en la ceremonia del Draft de la NBA.
El encuentro en Manhattan ya formaba parte del itinerario. El cruce de agendas llevaba tiempo sobre la mesa, bloqueado únicamente por los calendarios incompatibles de ambos. “Él quería conocer a Carín y Karim también conocerlo a él, entonces después de varios intentos fallidos de poder coincidir, finalmente —y una de esas cosas que dices que Dios sabe lo que hace y pone los tiempos— da la coincidencia que Carin León estaba en Nueva York un día antes del Draft y pudimos organizar ahí algo padre”, relata ‘El Chino’ López.
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Una franja de luz escapa del tragaluz y parte la duela casi por la mitad; varias cubetas de plástico permanecen esparcidas sobre la madera con el único propósito de intentar contener las goteras del techo. Afuera, el sol brilla con fuerza, pero los caprichos del clima capitalino no admiten descuidos
La cancha de basquetbol del Sindicato de Trabajadores Electricistas no es el escenario en el que uno esperaría encontrarse con la próxima estrella de la NBA. Pero ya es pasado el mediodía y Karim López cobra tiros libres bajo la estricta mirada de su padre mientras El Hijo Mayor, del hermosillense Junior H, suena en la bocina.
En vivo desde Hermosillo, Sonora
De los corridones, El Hijo Mayor con la bandona
Jálese, viejo.
—¿Estabas nervioso ese día del Draft?— le pregunto en un momento de descanso.
—Yo soy una persona que no suele... (silencio) Siento que tengo muy pocas emociones, soy bastante frío. Pero ese día sí estaba nervioso, estaba como ansioso, estaba como… No sé ni cómo describirlo, la verdad—contesta.
Su paisano, Carín, vivió todo desde las alturas, en el palco de su familia López. “Cada pick estábamos todos bien nerviosos, y pues ya sabes, imagínate lo que ha de costar mantenerse así. Lo que le habrá costado a Karim tratar de mantenerse sereno y tranquilo en una decisión que literalmente es un cambio de vida importante”, reflexiona León.
La noche del 23 de junio de 2026, el anuncio oficial del Barclays Center proclamó a Karim López como la selección global número 21, a cargo de los Pistons de Detroit. Sin embargo, gracias a un intercambio orquestado tras bambalinas con antelación, Detroit transfirió los derechos del alero hacia los Grizzlies de Memphis de forma casi simultánea.
“Fue un poco confuso, porque me puse la gorra de un equipo, luego la de otro y no sabía realmente qué estaba pasando, pero feliz por donde terminé. He sido bendecido por eso”, cuenta Karim.
La conquista de su sueño, no constante, tuvo una dosis de realidad muy distinta a la de sus planes originales. “Fue un día con muchas emociones. Yo había pensado toda mi vida en lo que podía ser, pero siento que no fue nada como me lo imaginaba. Fueron muchas cosas que me sorprendieron, muchas cosas que fueron diferentes a lo que pensaba”, recuerda.
Ese asombro provino, en gran medida, del turno específico en el cual escuchó su nombre. Los análisis previos al sorteo auguraban un llamado más veloz, por lo que el transcurso de la ceremonia lo sometió a una inusual prueba emocional
“No me imaginé que fuera a esperar tanto para ser seleccionado… Tenía el feeling de que iba a ser antes y lo que escuchaba era también así pero bueno, al final tardó más. Fue un poco la sensación así de desesperación, ¿sabes? De, ¿qué está pasando? ¿Cuándo me van a seleccionar? ¿Cuándo me toca a mí? Una vez ya me tocó a mí, fue como un poco de alivio”, confiesa el joven.
Aquella noche, además de estar acompañado por su padre, por Omar Quintero y por Carin León, a la comitiva en Nueva York se sumó también Paul Stoll, veterano incombustible y uno de sus más íntimos amigos en el equipo mexicano.
Para Karim, la selección siempre representó el refugio más seguro de su infancia y por esa misma razón, el vestidor tricolor nunca resultó un territorio hostil para él. Al cruzar la puerta como jugador profesional, Karim se encontró con los mismos gigantes de su niñez; hombres curtidos por mil batallas asumieron el papel de guardianes de su talento con un cariño paternal.
“Con Paul… conectamos muy bien porque somos realmente dos locos del basquetbol, dos personas que realmente podemos hablar del basquetbol todo el día; podemos estar viendo basquetbol todo el día”, dice López.
“Cuando Karim llega a la selección de chico, Paul Stoll lo arropa. Tanto que ahora Karim pide a Paul para que sea su compañero de cuarto y Paul pide a Karim. Hay una relación muy muy fuerte ahí. Para mí, Paul es un poco una extensión de mí, conozco su profesionalismo, conozco su ética de trabajo y es alguien que es un apoyo para mí, para Karim”, explica el Chino López.
Karim rara vez pierde la compostura. De hecho, cuenta con los dedos de una mano las ocasiones en que los nervios han logrado traicionarlo. Una ocurrió, por ejemplo, durante la tensión del Draft; la otra, la noche de su debut con la selección.
Lejos de la frialdad que hoy presume en la cancha, recuerda que el miedo lo acorraló por completo. "Fueron dos segundos que entré... y entre los dos segundos, casi hago un error", relata entre risas. El pánico lo persiguió hasta los vestidores, donde buscó consuelo tras devorar cuatro sándwiches de Nutella consecutivos sin saber qué hacer ante tanta presión. "Ya no volví a jugar ese partido", remata.
Para Omar Quintero la decisión de debutar tan joven resultó evidente desde el primer contacto en la duela, cuando el muchacho deslumbró con un bloqueo espectacular frente a los veteranos. "Nos volteamos a ver todos los coaches como que oye, este es de otro nivel", confiesa Quintero.
Fue por aquellos años cuando Fabián Jaimes, jugador de la selección nacional, vio a Karim jugar y supo que era especial. “Tenía creo que 15 ó 16 años y te dabas cuenta inmediatamente que es un jugador diferente. Es que tiene el talento, tiene el físico, pero yo creo que lo más importante es que tiene las ganas, tiene la garra. Y tiene las agallas para jugar en el nivel que él quiera”, dice.
“Es algo que no cambiaría por nada”, dice Karim sobre la experiencia de debutar al lado de las figuras que conoció desde su infancia. “Es gente que me cobijó al entrar a la selección, que me dio un soporte y un apoyo muy grande. Son amigos de mi papá, jugaron con él, me conocen desde chiquito… no era un extraño para ellos. Son buena gente, son muy importantes y lo siguen siendo hasta ahora. Siempre que vengo a la selección es importante verlos”, confiesa López.
A la par de su sueño americano en la NBA, el compromiso con México permanece intacto. El horizonte exige comandar a la escuadra nacional hacia metas postergadas por décadas, con la clasificación al Mundial y la utopía de los Juegos Olímpicos en la mira.
Su lealtad hacia la camiseta tricolor trae consigo un agradecimiento a su paisano Carin León por el apoyo económico a la selección. “Es alguien que nos apoya, que está ahí… es una persona que realmente se preocupa por ayudar y por impulsar. Estamos muy agradecidos con él por eso”, dice Karim, que también diseña sus propios planes para retribuir al deporte mexicano gracias a un nuevo contrato exclusivo con Adidas.
Cada vez que puede, regala a sus compañeros indumentaria deportiva y empuja un posible convenio para que la marca alemana pronto patrocine a la selección.
“La Selección me ha dado mucho, siento que cada vez que voy, mejoro; cada vez que voy me da una nueva experiencia que me ayuda en mi carrera, Y quiero poder ayudarlos en lo que yo pueda. Últimamente no he podido ir con ellos a jugar, pero si puedo ayudar con tener mejores uniformes, mejores cosas de entrenamiento, creo que es un pequeño detalle que se aprecia y que ayuda”, confiesa.
Si el uniforme de la selección se resuelve con una nueva compañía, Carín mantendría su patrocinio con otras necesidades del equipo. Y por si el azar exigiera una prueba más de la innegable complicidad entre ambos, la geografía estadounidense ha dictado el escenario idóneo. Karim hará su debut oficial en la NBA el próximo 21 de octubre frente al Utah Jazz sobre la duela del FedExForum, en Memphis.
- ¿Irás a ver a Karim en su debut?, pregunto al músico.
-No pudo quedar mejor que jugara en Memphis. Nashville es una capital musical muy importante en la música en inglés y hemos hecho esa unión entre la música mexicana del norte y lo que yo venía haciendo entre la música country, soul y blues entre todo este tipo de fusiones. Es un lugar donde me encanta mucho ir a producir y hacer mis locuras por allá. Cada que haya juego ahí le vamos a estar cayendo.
Los 341 kilómetros que separan Memphis de Nashville trazan el epílogo de un relato a ratos improbable. Karim y Carín no eligieron llamarse casi igual. No eligieron nacer en Hermosillo, bajo el techo de familias separadas por apenas siete cuadras y tampoco eligieron consagrarse en Nueva York en el mismo año, el mismo mes, distanciados apenas por la brecha de un día. Karim no pidió ser seleccionado por una franquicia en Tennessee, la meca musical que eternamente ha fascinado a Carín.
En medio de este laberinto de azares, el único capricho que ambos eligieron fue, precisamente, el basquetbol.
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