El jabón de baño alcanza los 400 pesos en Cuba, mientras la escasez y el encarecimiento de productos básicos dificultan cada vez más el acceso de la población.
Una nueva preocupación aparece en la vida de los cubanos: el precio del jabón de baño. Por estos días subió hasta 400 pesos nacionales cada unidad y no siempre se encuentra en el mercado, pues ni siquiera en las mipymes se oferta con regularidad. Quienes lo tienen son algunos revendedores, pero a precios todavía más altos.
El tamaño de los jabones en venta es de 80 o 100 gramos, por regla general, pequeños, de corta duración y dudosa calidad, pues algunos ni siquiera tienen marcada su procedencia en la etiqueta.
Cada una de estas pastillas de jabón dura, si acaso, una semana para cada persona en el aseo diario y al lavarse las manos varias veces al día, para mantener así una higiene adecuada. Por tanto, si en la vivienda hay cinco personas, deberán invertir 2.000 pesos semanales en total.
Los jabones de lavar aún son más escasos y, si aparecen, cuestan alrededor de 300 pesos. Y no tienen siquiera envoltura para saber su origen.
El precio del detergente en polvo no baja ahora de los 800 pesos la bolsa de 500 gramos.
En las tiendas en divisa, cada vez más desabastecidas, solo raras veces hay jabón. El jabón de baño más económico que algunas veces venden está en 35 centavos de dólar, que al cambio informal actual equivalen a 270 pesos. Los jabones de marca cuestan hasta un dólar y 25 centavos, que equivalen a 962,5 pesos cubanos. En las boutiques de los hoteles, esa cifra se multiplica por tres.
Los cálculos aquí expuestos demuestran que el ingreso promedio de un cubano no permite que pueda mantener una higiene adecuada, lo que afecta su salud. Como el medio está más que contaminado por la suciedad ambiental, y los mosquitos, las moscas y los ratones pululan por doquier, la población padece múltiples enfermedades, a veces mortales.
No es la primera vez en las últimas seis décadas que escasea el jabón de baño. Cuando por la casi extinta Libreta de Abastecimiento se entregaba un jabón de baño al mes, más que insuficiente, había un chiste que aún se recuerda: “Báñese con jabón angolano, échese agua y restriéguese con la mano”.
Si se compara el precio de los jabones actualmente con los importes de los jabones en la República, es algo abismal. Existían el jabón Palmolive, de la firma Crusellas, subsidiaria de la empresa norteamericana Colgate-Palmolive; Camay, de Sabatés, otra subsidiaria de la compañía estadounidense Procter & Gamble; y Suave, de la misma agrupación, como los tres más populares entonces. Los precios de estos oscilaban entre 10 y 14 centavos, que aun para personas de bajos ingresos eran accesibles. Los jabones de lavar de estas compañías eran Candado, Lavasol y Rina. Los precios de ellos eran también muy bajos.
La historia del jabón data por lo menos de 2.800 años a. C. Según la leyenda, los romanos vieron que el agua de lluvia en el monte Sapo, al mezclarse con cenizas de madera y grasa animal, servía para lavar; de ahí que el proceso sea llamado saponificación.
El jabón, que hoy se produce combinando sales con aceites vegetales, no siempre fue oloroso y era un lujo que llegaba solo a las clases elevadas. Y en la Edad Media era rechazado hasta por los científicos. Basta decir que la reina Isabel I de Inglaterra se bañaba solo una vez al mes. A partir del siglo XIX, gracias a los trabajos del sabio francés Louis Pasteur, se comprobó la importancia de bañarse a diario.
Pero en Cuba también, respecto a la cuestión de bañarse, hemos involucionado. Pronto no solo correremos el riesgo de morirnos de hambre, sino también por la falta de jabón para mantener nuestra higiene.
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