Marcos Javier Ramos Estrada vendió su casa y todas sus pertenencias para emprender una peligrosa ruta migratoria; tras pasar meses detenido en Estados Unidos, fue deportado a Cuba, donde tuvo que reconstruir su vida sin vivienda ni dinero.
LA HABANA, Cuba.- Marcos Javier Ramos Estrada intenta ahora levantar un taller de soporte técnico en el Cerro, una zona popular de La Habana, la ciudad de la que huyó dos años atrás tras vender cuanto poseía y con la convicción de que el resto de su vida transcurriría en Estados Unidos.
De 29 años y residente original del municipio Diez de Octubre, Marcos desconocía el rigor y la severidad del nuevo entramado migratorio estadounidense cuando en 2024 entregó las llaves del apartamento heredado de sus abuelos. Vendió el inmueble por una fracción de su valor real en el mercado informal, convencido de que las razones que lo empujaban a emigrar eran suficientes para obtener protección al otro lado de la frontera, tal como lo han creído cientos de miles de cubanos en la ola migratoria más severa que ha enfrentado la Isla en décadas.
Para financiar la ruta irregular hacia la frontera norte de América Central, desmanteló por completo su patrimonio: vendió su motocicleta, sus herramientas de trabajo como técnico informático, los equipos de música e incluso la bisutería familiar. Logró reunir cerca de $12.000 en efectivo, la tarifa media exigida por las redes de tráfico ilícito de migrantes.
“Cuando entregas las llaves de tu casa, sabes que ya no hay marcha atrás. Te quedas literalmente con una mochila en la espalda, un par de mudas de ropa y la fe puesta en que el sacrificio valga la pena”, relata Marcos desde el establecimiento donde trabaja con la ayuda de otros dos jóvenes que también fueron devueltos de Estados Unidos.
“Caminas hacia el aeropuerto sabiendo que en Cuba ya no te queda ni un plato donde comer, porque hasta los trastos de la cocina los vendiste para pagar el pasaje»”, cuenta sobre la travesía que comenzó a finales de 2024.
El trayecto incluyó pasos por selvas y puntos de control caracterizados por la extorsión continua de grupos irregulares y agentes fronterizos.
“Hubo noches en Nicaragua y Honduras donde dormíamos hasta treinta personas en cuartos de tres por tres metros, comiendo una sola vez al día un plato de arroz frío. En Tapachula, México, estuve varado casi dos meses esperando un salvoconducto que nunca llegó. Te vas gastando los últimos dólares en agua, en comida cara y en pagar para que no te quiten el teléfono”, recuerda.
Al cruzar la frontera y solicitar un estatus de protección formal en territorio estadounidense, se topó con el endurecimiento de los criterios judiciales y procedimentales de inmigración, de acuerdo con los lineamientos del gobierno de Donald Trump. Tras permanecer varios meses en un centro de detención migratoria en Texas, un juez emitió una orden de remoción ejecutiva. La travesía acababa ahí.
“La experiencia en el centro de detención te quiebra por dentro. Llevas el uniforme naranja, te despiertan a las cuatro de la mañana para conteo y la incertidumbre te consume. Cada vez que abrían la puerta de la celda de madrugada y llamaban a alguien por su número de registro, a todos se nos encogía el corazón porque sabíamos que era el vuelo de regreso”, explica.
El caso de Marcos ilustra la dinámica de las devoluciones forzadas que ha tomado fuerza tras la reactivación y profundización de los acuerdos bilaterales de deportación. Durante 2023, Cuba recibió a 5.253 ciudadanos repatriados desde distintos países de la región, entre ellos Estados Unidos, México, Bahamas e Islas Caimán, mediante 132 operaciones de devolución. En 2025, las autoridades cubanas reportaron 1.669 migrantes devueltos por vía aérea y marítima, una disminución aproximada del 68 % respecto a 2023.
El impacto del marco regulatorio se intensificó en el transcurso de 2026. Entre octubre de 2025 y junio de 2026, los tribunales de inmigración de Florida emitieron 4.007 órdenes de deportación contra ciudadanos cubanos, según datos del Transactional Records Access Clearinghouse (TRAC), recogidos por WLRN. Estas decisiones judiciales no implican necesariamente que las expulsiones se hayan ejecutado. Por otra parte, entre el 20 de enero de 2025 y el 9 de marzo de 2026, Estados Unidos deportó a 4.353 cubanos a México, de acuerdo con una investigación de Human Rights Watch.
El retorno de Marcos a La Habana se produjo en un vuelo sin aviso previo para sus allegados. Descendió del avión hace ocho meses, únicamente con la ropa que vestía, calzado deteriorado y un documento temporal de identificación. Sin vivienda, sin capital y con la divisa absorbida por los costos del trayecto, debió reinsertarse en la dinámica socioeconómica local.
Albergado temporalmente en el sofá de la vivienda de un familiar, se reinsertó en el sector informal ofreciendo servicios de reparación técnica a domicilio. “El golpe psicológico de la deportación es peor que la pérdida económica. Sientes que fracasaste y percibes el juicio social al caminar por el barrio. Las primeras semanas casi no salí, pero el desamparo económico te obliga a reaccionar. Pedí un destornillador y un multímetro prestados y salí a buscar trabajo”, señala.
Aprovechando su formación en sistemas informáticos y soporte técnico, identificó un nicho de demanda en el sector privado emergente de su municipio. Diseñó un esquema de mantenimiento informático preventivo y correctivo de bajo costo mensual para los sistemas de punto de venta e inventario de pequeñas cafeterías y comercios locales.
“Me enfoqué en resolver problemas inmediatos: un punto de venta bloqueado o una falla de red en medio del servicio. Caminaba largos tramos para abaratar costos, cobraba lo justo y los propios comerciantes comenzaron a recomendarme”, explica.
A lo largo de estos meses de trabajo continuo, la recuperación de piezas de repuesto en equipos en desuso y una gestión orientada al ahorro le permitieron arrendar un espacio en el Cerro para establecer un taller formal de soporte informático.
En la actualidad, Marcos cuenta con dos empleados en su taller, ambos jóvenes deportados que atravesaron procesos de repatriación similares. “Cuando veo a un joven que regresa deportado, veo mi propia situación de hace un año. Por eso asumí el compromiso de generar oportunidades para quienes retornan en cero. Hoy no solo reparamos equipos; demostramos que la capacidad técnica y el trabajo personal se mantienen al margen de una orden de deportación”.
Sigue nuestro canal de WhatsApp. Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de Telegram.
