El Malecón trasciende su valor histórico como arteria vial para reconfigurarse hoy como el refugio por excelencia de la población frente a la crisis.
Un emblemático sitio, por muchas razones, es el Malecón que bordea la costa de la ciudad de La Habana. Su construcción se inició en el año 1901 y su culminación se produjo a finales de 1958. La duración total de la obra fue de 58 años y 38 días. Se realizó en siete partes, por etapas, con una longitud total de 7,3 kilómetros.
Los obstáculos evadidos en su realización demuestran la capacidad profesional de los ingenieros cubanos y el increíble desarrollo tecnológico que habían alcanzado por esos tiempos. Una gran parte se hizo dentro del espacio marino. Se usaron grandes bloques de hormigón prefabricados y rellenados para encima encabillar y tender el muro. Los tramos más sencillos se edificaron sobre el arrecife, pero su imagen es de una continuidad absoluta.
El Malecón de La Habana trasciende su valor histórico como arteria vial para reconfigurarse hoy como el refugio por excelencia de la población frente a la grave crisis socioeconómica que asfixia al país.
Ante la falta de poder adquisitivo y el colapso de las opciones de ocio, este icónico muro costero funciona como uno de los principales espacios de esparcimiento para miles de capitalinos. A lo largo de sus carriles y amplias aceras, el lugar sirve de punto de encuentro para caminar o socializar, al tiempo que se ha transformado en un sitio clave de pesca para garantizar el sustento.
Asimismo, cada tarde es habitual ver a numerosos niños y jóvenes arrojándose al mar para bañarse entre los arrecifes, desafiando el fuerte oleaje y los peligros que representa la zona con tal de escapar del calor y buscar un poco de diversión.
















Sigue nuestro canal de WhatsApp. Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de Telegram.
