El presidente dominicano, Luis Abinader, abordó la situación de la Isla con el cardenal Pietro Parolin durante una visita a la Santa Sede.
MIAMI, Estados Unidos ― La Santa Sede manifestó preocupación por la situación de Cuba durante una reunión con el presidente dominicano, Luis Abinader, según afirmó el mandatario este jueves 15 de octubre, tras conversar en el Vaticano con el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado.
El encuentro se prolongó aproximadamente una hora y permitió abordar asuntos de República Dominicana, del Caribe y del escenario internacional, explicó Abinader en una entrevista telefónica exclusiva con el programa Despierta con CDN. El gobernante mencionó la preocupación por Cuba en dos momentos de la conversación, pero no detalló propuestas ni acuerdos relacionados con la Isla.
La reunión fue confirmada por el Vaticano, que informó de la participación de monseñor Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales. De acuerdo con la Santa Sede, se examinó la situación regional, con atención a las consecuencias de los conflictos y a la delincuencia organizada transnacional, aunque no mencionó expresamente a Cuba ni a Haití.
La crisis haitiana también ocupó parte del intercambio. Según Abinader, sus interlocutores expresaron interés en la pacificación del país y preguntaron por la viabilidad de celebrar elecciones. El presidente dijo que les transmitió la posición y las recomendaciones del Gobierno dominicano.
El pasado 26 de septiembre, durante el debate general de la Asamblea General de Naciones Unidas, el cardenal Parolin pidió promover un diálogo sincero y efectivo entre los gobiernos de Cuba y EE.UU. para evitar acciones que agravaran el sufrimiento de la población cubana.
En ese discurso, el jefe de la diplomacia vaticana señaló que la Santa Sede seguía de cerca la situación entre ambos países. También reclamó apoyo internacional para que Haití pudiera avanzar hacia la paz y la democracia.
El papa León XIV ya había expresado su preocupación por el aumento de las tensiones entre La Habana y Washington el primero de febrero de este año. Al término del Ángelus, respaldó un mensaje de los obispos cubanos y pidió un “diálogo sincero y eficaz” que evitara la violencia y nuevas cargas para los habitantes de la Isla.
Un día antes, la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba había advertido del riesgo de caos social y violencia ante el agravamiento de la crisis y las amenazas al abastecimiento de petróleo. En aquel documento, los prelados retomaron su exigencia de transformaciones estructurales, sociales, económicas y políticas.
“Cuba necesita cambios y son cada vez más urgentes”, sostuvieron los obispos. También subrayaron que el respeto a la dignidad y a la libertad dentro del país no podía quedar condicionado por los conflictos externos, y reclamaron que Cuba se abriera a todos los cubanos, sin exclusiones.
La Iglesia Católica cubana ofreció entonces su disponibilidad para contribuir, si las partes se lo solicitaban, a reducir las hostilidades y crear espacios de colaboración en beneficio de la población.
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