A quienes queremos fuera la dictadura, nos preocupa que más adelante las dádivas se pudieran extender a otras trasnacionales del turismo, de la exploración y extracción petrolera, de los negocios inmobiliarios.
LA HABANA.- Mientras Sherritt International obtiene una licencia de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro (OFAC) para comenzar a importar combustible y otros productos antes que finalice el 2026 (y así continuar el negocio de la minería que comparte con el castrismo), hay cientos de miles de cubanos que están a la espera de que algo así como un milagro ocurra antes de finalizar el año. Y ese “algo” no es para nada la reactivación de la industria del níquel y el cobalto en Moa. Porque eso, como la apuesta por las inversiones en turismo, ni en su mejor momento repercutió en una mejora de las condiciones de vida del cubano de a pie, ni siquiera para quienes han servido como fuerza laboral en unas “empresas mixtas” que, como todas en la Isla, se han aprovechado de las leyes cubanas que propician la explotación laboral.
Los patrones de abuso que la prensa independiente ha documentado al investigar los procedimientos de la Empresa Comercializadora de Servicios Médicos, del Ministerio de Salud Pública —que no solo se apropia de buena parte de los salarios de los “colaboradores” sino que los somete a condiciones de esclavitud en las mal llamadas “misiones médicas”—, son muy similares a los que han sido descritos por obreros de la Sherritt. Incluso por personal administrativo de primer nivel de la parte cubana, con los que he podido conversar en varias ocasiones: jornadas de trabajo de más de 12 horas hasta los fines de semana, dificultades para cobrar los pagos por resultado y las horas extras, salarios extremadamente bajos, obligatoriedad de participar en actividades políticas convocadas por el PCC así como de integrar los instrumentos de represión conocidos como “Brigadas de Respuesta Rápida”, y contrataciones a través de intermediarios estatales que se apropian de más del 80 por ciento de lo que desembolsa en divisas la empresa extranjera. La mayoría de los empleados cubanos terminan recibiendo a veces mucho menos del 10 por ciento de lo que debieran recibir y, por lo general, con una tasa de cambio de la divisa de 1 x 1.
Más allá del ámbito interno de la empresa, hay que considerar, además, cuestiones aún más alarmantes que han contribuido al deterioro de las condiciones de vida de los habitantes de Moa, como son el impacto ambiental, tanto de la minería como del procesamiento industrial posterior, en las comunidades cercanas. En las cuales se han documentado casos de diversas afecciones respiratorias y de la piel, tanto en niños como en adultos, asociadas a la mala calidad del aire y las aguas, así como los efectos negativos en la flora y la fauna locales. No olvidemos que los emplazamientos de la empresa minera están en las inmediaciones del Parque Nacional Alejandro de Humboldt, la principal reserva de la biosfera de la Isla.
No obstante, a la Sherritt (que está muy lejos de ser parte de ese “sector privado” cubano al que Washington pretende fortalecer, y demasiado cerca del círculo de complicidad que sostiene a la dictadura, y probablemente hasta sea parte de su núcleo financiero ), así como de rápido la sancionaron hace unos meses, ahora con similar premura le han lanzado más que un salvavidas. Al parecer, la posibilidad de hacer un “buen negocio” ha pesado más en la balanza que la necesidad de emprender una buena acción.
Una buena acción sería no proveer más oxígeno a un régimen responsable absoluto del estado de asfixia en que han sobrevivido los cubanos durante más de medio siglo.
Pero no sabemos si ese interés está en la secretísima mesa de diálogo que ahora, viendo lo de la Serritt, puede parecer una mesa de “negocios” o, mejor dicho, de business. Y una mesa que, negada tantas veces como confirmada, algunos tememos a dónde va. Mientras, percibo que en las cuestiones más esenciales (como serían la libertad, la democratización y el bienestar; la reconstrucción de una economía y una sociedad destruidas; la superación del trauma de vivir en una dictadura, pero, sobre todo, la eliminación de un histórico aliado de regímenes terroristas) continúan estancados. Aunque ya con este regalo a la Sherritt nos preocupa un retroceso.
A quienes queremos fuera la dictadura, nos preocupa que más adelante las dádivas se pudieran extender a otras trasnacionales del turismo, de la exploración y extracción petrolera, de los negocios inmobiliarios (que se han ido o que aún están en proceso de marcharse). A fin de cuentas, les recuerdo, el castrismo y sus compinches siempre están dispuestos a pagar el precio que sea necesario.
Sería muy tonto no prever que al salvavidas de la Sherritt se agarrará cualquiera de los barrigones que hoy se rasgan las vestiduras, frente a las cámaras de la TV o en la ONU, solo para que nuestra miseria nacional parezca consecuencia de “factores externos”, circunstanciales, y no el resultado de décadas de abandono, de egoísmos y abusos por parte de un clan familiar. Una mafia cuya prioridad no es garantizar el bienestar general, ni siquiera engrandecer el país haciéndolo más atractivo para quienes lo habitan, sino mantenerse en el poder “al precio que sea necesario”. Aunque ese altísimo precio lo paguemos quienes no nos beneficiaremos en nada con los beneficios de la OFAC a la Sherritt.
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