El éxodo, la baja natalidad y el envejecimiento aceleran el despoblamiento de Cuba, con La Habana como la provincia más afectada.
El vertiginoso despoblamiento de Cuba registró un nuevo hito al cierre de 2025 tras alcanzar un saldo migratorio negativo de -25,6 personas por cada 1.000 habitantes, una sangría demográfica que se combina con el colapso de la natalidad y el envejecimiento acelerado de la población para comprometer la sostenibilidad socioeconómica de la Isla.
Los datos, publicados por la estatal Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) y difundidos por el portal independiente Diario de Cuba, confirman que el éxodo masivo golpea con mayor severidad a los principales núcleos urbanos y productivos del país.
La capital cubana se posicionó como el territorio más afectado por la emigración, al registrar un saldo migratorio de -33,6 personas por cada 1.000 residentes. El impacto en La Habana resulta especialmente crítico al conjugarse con un vertiginoso deterioro de su pirámide poblacional: la urbe es la segunda más envejecida del país, con un 29,1 % de sus habitantes en la franja de 60 años o más.
En el mapa municipal de la capital, el municipio Plaza de la Revolución se consolida como el enclave más envejecido de toda la Isla, con un 38,2 % de adultos mayores.
A escala provincial, las mayores tasas de saldo migratorio negativo después de La Habana se reportaron en Matanzas (-28,8) y Cienfuegos (-28,0). Por el contrario, los indicadores de pérdida poblacional más bajos se localizaron en las provincias orientales de Holguín (-19,8) y Las Tunas (-20,5).
En su análisis sobre la crisis, la propia ONEI reconoció que «el saldo migratorio, la baja natalidad y el envejecimiento poblacional, son de los principales factores que inciden en la dinámica demográfica cubana».
El desplome demográfico oficial se enmarca en un debate sobre la magnitud real de los habitantes que permanecen en Cuba. Mientras las estadísticas gubernamentales cifran la población actual en 9,4 millones de personas y calculan que más de tres millones de cubanos residen en el exterior, estudios independientes sugieren una contracción aún más severa.
Un análisis del economista y demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos cifró la población residente en Cuba a finales de 2024 en apenas 8.025.624 habitantes, lo que representa un desplome del 24% en tan solo cuatro años en comparación con los 11,1 millones registrados hacia 2021.
El especialista remarcó en su investigación que un despoblamiento de semejante velocidad y escala “solo ha sido observada en contextos de conflicto armado”, cuestionando si el escenario del país debe catalogarse como “una crisis demográfica o una crisis sistémica”.
Este colapso demográfico es el resultado directo de la profunda crisis sistémica que asfixia a la sociedad cubana. La combinación de una precariedad alimentaria extrema, el colapso de los servicios de salud pública y la constante escasez de insumos básicos se suma a la asfixia de libertades individuales y al recrudecimiento de la represión impuesta por el régimen castrista.
En este escenario de desesperanza generalizada, la pérdida total de perspectiva respecto a un futuro próspero en la Isla ha transformado al éxodo en la única vía de escape viable para cientos de miles de cubanos.
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