El toxicólogo Alejandro Mestre Barroso asegura que desde 2024 los médicos de la zona han atendido a más de 25 pacientes y que los afectados son cada vez más jóvenes.
MIAMI, Estados Unidos ― Jóvenes de entre 25 y 30 años están llegando a los hospitales de Las Tunas con los riñones dañados por el mercurio que se usa para extraer oro de forma ilegal, advirtió el toxicólogo Alejandro Mestre Barroso en una entrevista publicada el sábado por el diario provincial 26.
“Estamos recibiendo a jóvenes, de 25 a 30 años, con insuficiencia renal aguda por complicaciones del mercurio”, dijo el especialista. “Desde 2024 hemos atendido a más de 25 pacientes. Si estudiamos las estadísticas nacionales, esa cifra las triplica”.
Los casos se concentran en el municipio de Jobabo, al sur de la provincia, y en las comunidades de La Guásima y Jobabito, en el municipio de Las Tunas. El médico explicó que la actividad ya llega a otros puntos, como El Cornito, y que atrae a gente de fuera. “Esto no solo abarca a la población local, sino que vienen personas de otros municipios”, señaló.
Precisó, sin embargo, que los niveles más altos de impacto siguen estando en Jobabo y La Guásima.
El daño no se limita a los riñones. Según el toxicólogo, Jobabo tiene uno de los índices más altos de enfermos renales de la provincia y también altos índices de pacientes psiquiátricos. El periódico vincula la exposición al mercurio con esquizofrenia, trastornos paranoides y depresivos y polineuropatías, una lesión de los nervios que causa debilidad y pérdida de sensibilidad. “El principal órgano diana es el sistema nervioso central”, explicó Mestre Barroso.
La alarma médica empezó con un solo paciente. La primera nota de alerta sobre la minería ilegal en la provincia se emitió en 2024. Poco después, el hospital de Jobabo pidió a los toxicólogos que valoraran un caso de “párkinson raro”. Al revisar el historial del enfermo descubrieron que trabajaba en una mina de oro ilegal. “Nos pareció un párkinson tóxico”, recordó el médico. Al recorrer la zona, los especialistas comprobaron lo extendida que estaba la práctica entre los vecinos.
Desde entonces la actividad ha crecido. A la alerta de 2024 siguieron dos más en 2025 y otra a inicios de 2026, de acuerdo con 26. Los afectados más recientes tienen entre 18 y 25 años y son de ambos sexos. “Podríamos ver esto como una alarma por el incremento de la minería ilegal”, dijo Mestre Barroso.
El problema nace del método de extracción. Los mineros lavan la tierra y le añaden mercurio, conocido en la zona como “asobe”, que se une a las partículas de oro. Después calientan esa mezcla: el mercurio se evapora y queda el oro. El vapor contamina a quien lo respira. Además, el mercurio que se pierde durante el lavado termina en lagunas y ríos, donde los microorganismos lo transforman en un compuesto todavía más tóxico.
Las autoridades conocen el fenómeno desde hace tiempo. El 5 de marzo de 2025, la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) detuvo a ocho personas en Jobabo durante un operativo contra la minería ilegal, según una nota del Ministerio del Interior (MININT) que reprodujo 26. Les ocuparon plantas eléctricas, turbinas para bombear agua, martillos demoledores y un trómer, un molino artesanal para triturar piedras y obtener polvo de oro.
En aquella nota, el MININT ya advertía de riesgos “a la seguridad y salud humanas”, además de los daños ambientales.
Por ahora no hay cifras públicas sobre los niveles de mercurio en la zona. El toxicólogo explicó que se están tomando muestras en los lugares afectados para medir la contaminación. Esas muestras se enviarán al Centro de Estudios Ambientales de Cienfuegos, la institución que atiende el tema en Cuba.
Cuba se adhirió el 30 de enero de 2018 al Convenio de Minamata sobre el Mercurio, el tratado internacional que busca proteger la salud humana y el medio ambiente de las emisiones de ese metal, según registra la Colección de Tratados de las Naciones Unidas.
Mestre Barroso insistió en que un diagnóstico temprano puede cambiar el pronóstico, porque existen antídotos que reducen los efectos según el cuadro clínico. Una vez que el daño se vuelve crónico, en cambio, es muy difícil revertirlo. “Esto no es solo un problema de Jobabo o de Las Tunas”, concluyó. “El mercurio no perdona, y sus víctimas son cada vez más jóvenes”.
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